6> Tierra rara

En 1994 las señales de cambio eran claras. La aparición del navegador Netscape permitía  surcar la WWW con más confianza, el surgimiento de los buscadores de información  y el despliegue ciberespacial de poderosos medios y empresas sustentaban la  gestación de un nuevo territorio, intenso, extraño e irreal, que además está en permanente mutación, como lo demuestran la aparición de las redes sociales o la explosión multimedia de los últimos años.

Todo sucedió demasiado rápido. En 2010 debemos pensar que hace apenas 15 años no existía casi nada de lo que conocemos como internet. En ese entonces, cuando se  iniciaron las ofertas comerciales de conexión, las redes se convirtieron en escenario natural de las vanguardias en todos los campos. Además, los cuatro nodos del 20 de octubre de 1969 se habían transformado en 2 millones de servidores en 1993, en 16 millones en 1997, en 1999 ya iban por 50 millones.

En 2009, de acuerdo con un estudio publicado en el sitio de PingDom, había 1.700 millones de usuarios directos de internet (la mayoría en Asia), más de 200 millones de sitios web, unos 180 millones de nombres de dominio registrados. El servicio de Flickr tenía alojadas unas 4.000 millones de fotos, y Youtube se consolidaba como una televisión alternativa de dimensiones monstruosas, con unos 1.000 millones de videos ejecutados por día.

Y convivimos con una generación de personas que nunca conocieron un mundo sin internet y a quienes, seguramente, no les preocupa demasiado esta historia.

La aparición del navegador Netscape, que sirvió de detonante, y que ya ha desaparecido, fue seguida en esos vertiginosos años 90 por otros hitos en apariencia inocentes. Por ejemplo, en 1995 la Fundación Nacional de la Ciencia estadounidense abandonó la operación de la troncal de internet, la  columna vertebral del sistema, que a partir de entonces quedó a cargo de grandes  corporaciones. A partir de entonces esa ‘backbone’ comenzó a dispersarse y a  internacionalizarse, dos características que permiten contar con una Red distribuida, menos vulnerable a las desconexiones.

En unos garajes, virtualmente, se gestaban empresas que ahora forman parte del paisaje empresarial, entre las cuales sobresalen Google, Yahoo y más recientemente Facebook.

Apenas unos años después del estallido de la internet provocado por la aparición de la web, su historia dejó de ser lineal, y abarca un abanico de temas casi tan grande como  el de la realidad.

En este período los conectados han presenciado el despegue del comercio electrónico, el auge y caída de olas de prosperidad ciberespacial apoyada en las especulaciones de valores, el surgimiento de nuevos modelos de negocios y las fusiones empresariales de dimensiones antes desconocidas. Y de una nueva era en las relaciones humanas. Pero el fenómeno va muchísimo más allá de la economía y la sociedad: estamos sometidos a un tráfico de ideas sin precedentes.

Hay dos maneras de ver los nuevos tiempos. Las cualidades de la Red están balanceadas por los traumas que ocasiona su presencia en nuestra civilización: exceso de información, falta de contacto social, estafas digitales, redes criminales, abusos, espionajes varios o difusión de la violencia y el odio forman parte del repertorio de preocupaciones provocado por internet. Y uno de difícil solución: el poder desigualador de internet, en un planeta donde la mayoría de la población aún no tiene un teléfono, y demasiados ni siquiera electricidad.

Por detrás de todo esto, ya es obvio que internet no es sinónimo de una era de iluminaciones. Pero sigue teniendo el poder de cambiar los paradigmas.

Si miras hacia el futuro desde el siglo XXI con internet en nuestras vidas, podrás ver una masa confusa: un ciberespacio que deja de ser una moda o un  privilegio, hasta convertirse en una presencia concreta que ya no puede desenchufarse: una Red de redes que se diluye en la realidad convertida en algo tan habitual como la electricidad: un ciberespacio donde la mayoría de los aparatos conectados no son computadoras sino teléfonos móviles o televisores o electrodomésticos: una dimensión potenciada por nuevas tecnologías que alguna vez formaron parte de nuestros sueños: un espacio donde la confluencia de lenguas y culturas reeditan el caos de Babel.

Y, por supuesto, todo eso irá acompañado por movimientos telúricos sobre nuestra existencia, por abrumadoras luchas de poder. La historia de internet, en todo caso, apenas comienza.

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